"ToQo" Zuleta
Sixto Vazquez
Desde Humahuaca, un autor indígena muestra su creación y su obra para que el mundo conozca el pensamiento y la vida cotidiana en el extremo norte de Argentina.
ToQo
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Sixto Vazquez Zuleta ("ToQo"), Maestro rural, escritor, periodista, funcionario, profesor, asesor de instituciones culturales, restaurador de obras de arte, investigador, museologo, inventor. Continuamente recorre el país y el mundo dictando sus conferencias para Comunidades Indigenas, Universidades, Institutos Culturales, Establecimientos educativos y para todo aquel que lo solicite.
LA INEVITABILIDAD DE LA ETAPA POLÍTICA EN EL INDÍGENA
Unir a los indios es una tarea pendiente
Considero que esta es una reflexión más que un trabajo científico, resultado de anotar varios hechos aislados y con ellos confeccionar un cuadro futurible, donde la cuestión sobre la unión de estos componentes humanos todavía sigue viva. Ocurre que tanto las profecías "inspiradas" como esos pronósticos, conjeturas o extrapolaciones que se formulan haciendo uso y abuso de la predicción científica pueden agruparse en dos categorías: las que parten del deseo y las que pretenden atenerse al determinismo. A veces, ambas se confunden y como en este caso, se realimentan mutuamente. Al enunciarlas prestigiosos hombres de ciencia, aparecen como rigurosas anticipaciones de lo que vendrá, cuando a menudo son vagos proyectos o expresiones de deseos más o menos racionalizados. Por supuesto, no todo lo que sale de la boca de los científicos es ciencia.
Siempre me sentí orgulloso de ser indígena y de sus particularidades: el carácter luchador de su espíritu, su adaptabilidad, su capacidad para mantener cierta distancia con respecto al capitalismo y al comunismo, como también su apertura hacia el mundo no indio y hacia la influencia neoliberal de sus respectivos países.
Este trabajo está hecho desde adentro de la jaula. Intento por medio de la literatura en todos sus géneros proveer de elementos, pistas, indicaciones a los hermanos que se internan en un territorio desconocido. Pedir que pueblos de economía agropastoril se adapten de golpe o comprendan siquiera a la globalización, la macroeconomía y el noliberalismo, es impensable. Por eso este y otros trabajos que presento en mesas, talleres y jornadas, sobre la televisión abierta indígena y la abolición del concepto de mestizo, los cuales también se están difundiendo entre las comunidades aborígenes para que en la actual transición en las poblaciones indígenas argentinas, la etnicidad deje paso a la indianidad.
El trabajo de investigación desarrollado desde inicios de la creación del Instituto de Cultura Indígena se ha vinculado a las problemáticas actuales e históricas que experimentan las poblaciones Indígenas en Argentina y específicamente en la parte salto-jujeña. Los proyectos de investigación encaran la cuestión identitaria, la herencia cultural y la etapa política.
Un ajuste conceptual
Ante la frecuente alternancia, movida por el amor, el odio o el rechazo, de estos ya casi tecnicismos: indio, indígena, nativo, aborigen, originario, un congreso indígena optó por considerar sinónimos a todos (1). Quizás "indio" ha sido la palabra más denostada por un lado y por otro preferida por la ONU para sus documentos oficiales. El nuevo paradigma se apoya en que todos esos nombres son impuestos y hasta que una convención decida uno nuevo y abarcativo, seguir usando igualmente a todos ellos en los procesos económicos, políticos y sociales.
Personalmente, al referirme a los que están afuera de la jaula, prefiero utilizar "no indígenas" en vez de "blancos" (2).
Se hace notar además, la existencia actual de indios de las comunidades, que siguen viviendo en sus lugares de origen, y los llamados indios urbanos, emigrados a las ciudades. La cuestión del mestizo es un emprendimiento que se detalla en otro trabajo.
La interculturalidad como base de la identidad A partir del golpe militar de 1930 se enseñaba en la escuela que el argentino era superior en América Latina, porque aquí no había negros ni indios; se enfatizaba una raíz hispana colonial, herencia fuertemente idealizada e históricamente falsificada. En la creencia de ser un país blanco, con una capital denominada la Ciudad Blanca, la ciudad europea, la "París de América Latina", la necesidad de una identidad en un país aluvional hizo que la cultura argentina adoptara el criollismo como rostro, el español como lengua y el europeísmo como referente cultural, ignorando al habitante originario, a sabiendas de que criollo era el hijo de español nacido en América.
El Estado-Nación argentino que ha construido y sigue construyendo de este modo su identidad a partir de la negación de identidades, a partir del concepto de identidad por exclusión, ha operado a través de sus dos caras clásicas. Por un lado, ha implementado su cara genocida, a través del aniquilamiento material de muchos de los pueblos originarios o sus políticas hacia sus descendientes. También ha operado con su cara asimilacionista, negando la propia identidad de los diversos pueblos indígenas.
La educación ha tenido mucho que ver; la Argentina nunca ha tenido una política verdadera referente a la preservación y el reconocimiento de las lenguas y culturas indígenas, pero en el país florecen las escuelas de otras minorías que mantienen vivas las lenguas y las culturas maternas: hay escuelas de comunidades inglesas, armenias, alemanas, judías, japonesas, etcétera, que se diferencian de las italianas o españolas, entre otras cosas, por sus tradiciones. Inclusive, se permite a colonias religiosas afincadas en el territorio, como las menonitas, tener sus propias escuelas y docentes, con programas propios, que no enseñan historia argentina ni la lengua española.
Cuando uno comienza a pensar algunas características de los modos de construcción de identidad en un Estado-Nación moderno, así como algunas particularidades de dicha construcción en la Argentina, una de las preguntas centrales se vincula al modo en que se producen procesos de invisibilización o negación de algunas de las identidades culturales y/o sociales que componen dicho colectivo. Mira de otro modo a la cultura argentina y empieza a reproblematizar qué es esa cultura argentina y cuántos elementos de esa cultura pese a que están y siempre han estado presentes- resultan, sin embargo, invisibles para su propia mirada, para su propia definición de identidad. Ese es el objetivo, que el argentino comience a pensar que no hay un modo de abordar su identidad si no es mirándose primero a sí mismo, que su composición y formación es parte de esto, que su ser está fallido, mal suturado, problematizado.
También un llamado a reflexionar sobre qué es ser Argentino. Pregunta siempre molesta y perturbadora en el contexto de una sociedad donde el desprecio al indígena es el fundamento permanente de todo intento de las clases dominantes por forjar una nación "civilizada" y en esa visión el indio no tiene cabida. Por eso desde siempre ha sido objeto de prácticas discriminatorias, consistentes en la atribución de salvaje, sucio y perezoso, supuestos rasgos idiosincrásicos, tomados de estereotipos -que alientan el odio y la discriminación étnica- y la utilización peyorativa del término mestizo, una categoría colonial.
Esta preocupación acerca de qué o quién es argentino, en el marco de los conflictos raciales y culturales de la sociedad nacional, es también el fondo de este trabajo.
Democracia paulatina
El primer problema es causado por la persistencia de una invisibilidad social: los indígenas prosiguieron en la misma condición cuando se declaró la independencia y a medida que se construía la Argentina. Están fuera de la sustancia democrática; las decisiones políticas las toman otros y sólo ingresan en el estamento nacional mimetizándose en los partidos tradicionales. La discriminación domina en la esfera pública y por ello los indígenas no pueden hacerse oír. Ese déficit democrático se explica por la ausencia de una política interna. Otro problema radica en la incapacidad de los indígenas argentinos de presentar hacia el exterior un frente unido.
"Parte del problema para el avance de lo indígena está en la ausencia de una tradición de actuación autónoma en esos términos. El peso de las ideas partidarias en las zonas indígenas llevó a estos a plantearse sobre todo el problema de la tierra, para usar la expresión de José Carlos Mariátegui, en lugar del problema del Estado, hoy a la orden del día (4)".
Apenas hay un intento de ejercer sus derechos en democracia, los gobiernos de las provincias con mayoría aborigen, a la manera de un patrón de finca, lo acallan con el ejercicio de su autoridad.
Es cierto que en Jujuy, Salta, Chaco, los indígenas pueden, por primera vez desde el Malón de la Paz de 1945, manifestarse públicamente en defensa de sus derechos, pero ciertos gobiernos manipulan económicamente o presionan políticamente para que se precipiten cada uno por su cuenta en vez de reforzar una única posición avanzando con una sola y misma plataforma.
No obstante, una Argentina desgarrada en lo indio por la conquista del desierto, la matanza de Napalpí y la masacre de Rincón Bomba, pero capaz de reconocer sus equivocaciones, falla en la aplicación efectiva de la Constitución reformada, y del convenio 169 de la OIT, porque los únicos en condiciones de exigir su cumplimiento, son los mismos interesados que no pueden articular una política común. En tercer término, la pérdida de la identidad, de una forma de vida y los valores inherentes a ella, también constituye un problema que los indígenas no pueden resolver solos.
La discriminación escondida en la categoría de mestizo socava la unión de los aborígenes y logra que se cree una división artificial entre los indígenas que logran acceder a la educación, a otro nivel de vida económico y los que permanecen aferrados a la tierra, al punto obsceno que los llamados mestizos desprecian a sus hermanos indios y a su vez sufren el desprecio de los no indios.
Sólo la unión de los indígenas asumidos como lo que son, junto a los que no renegaron de su condición, puede constituir una fuerza política importante. Además, sería un ejemplo para los otros pueblos indígenas del continente la forma en que indígenas urbanos e indígenas rurales pueden confederarse en potencias nacionales.
Ahora bien, a favor de esto, no es mucho lo que puede hacerse dentro del marco nacional, ya que nuestro país con población aluvional posee una educación europeizante y medios de comunicación que responden a intereses multinacionales. Sin actores nacionales como una confederación, no se podrá tener un trato más justo.
La resistencia a través de la leyenda
Ahora, es una leyenda que circula en el ámbito andino, la que invita a reflexionar sobre esta constatación irritante para muchos: pese a la masificación, hoy el indígena americano está volviéndose cada vez más visible. Aquella leyenda, la del Incarri, habla de que al Inca, le cercenaron el cuerpo y los miembros y los escondieron bajo tierra. Pero con el correr de los siglos los miembros dispersos se fueron juntando y en estos momentos todo el cuerpo se ha reconstituido y sólo falta que se una la cabeza para que su cuerpo renazca, recobre su fuerza, su vitalidad, y se erija poderoso a poner el orden en el Tahuantinsuyo. Es la vuelta, el renacimiento de los indios poderosos y sabios.
En un ámbito muy diferente, una leyenda toba hace notar un hecho muy actual. Sintéticamente, narra que un cazador entra al monte, caza un tigre, le saca el cuero y para lavarse las manos ensangrentadas, busca un arroyo. Cuando se inclina sobre el agua, ve reflejada no su imagen, sino la del tigre.
Lo curioso es que en el fondo, las leyendas coinciden con la antropología .Esta ciencia dice que el indígena de cualquier parte del mundo atraviesa tres etapas, la contemplativa, la filosófica y la política. La conquista deja sumido al indio en una especie de limbo, explotado y humillado. De allí con los siglos pasa a la segunda etapa donde se pregunta qué es y cuál es su lugar en el mundo. En ese momento está listo para pasar a la definitiva, etapa en la cual ya se encuentran algunos pueblos indígenas.
Esto parte de lo personal y responde a la eterna pregunta filosófica. Cuando uno se da cuenta de lo que es, puede recién entrar a preguntarse quiénes son los que rodean. Ahí uno se da cuenta del concepto de otredad y puede optar entre seguir con la propia individualidad o comenzar a actuar en función de comunidad. Los aborígenes argentinos ahora dominan la lectoescritura, y se encuentran en un proceso de cambio cultural que es visible para todos, porque se está realizando en pocos años.
Otro de los hechos actuales es que los indígenas están tomando cada vez más conciencia de serlo y aparecen ranqueles de Córdoba, huarpes de Mendoza, onas de tierra del Fuego, nombres que ya figuraban en las ciencias como extinguidos.
Ese proceso interno es lo que considero como endoevolución. Por otro lado, las influencias externas configuran la exoevolución, por ejemplo los constituyentes de 1994 modifican la Constitución con el espíritu de que los pueblos indígenas argentinos existen y tienen derechos, implementado en el art. 75, inc. 17. Pero el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo ya lo había hecho en 1989, con el Convenio sobre Pueblos Indígenas y Tribales, en vigencia en nuestro país desde 1991, con rango constitucional, demostrando que la tendencia era universal.
Están apareciendo tímidamente libros específicos sobre la etapa política (3) que ya se ha dado en Bolivia, sorprendiendo a casi todo el mundo, una experiencia que es un lugar interesantísimo para verificar algunas tesis de este trabajo y para que cientistas de todas las disciplinas humanísticas puedan tener un fértil campo de trabajo.
Allí, un hecho que salta a la vista es la pendularidad de los intelectuales, periodistas, religiosos, escritores, científicos que toman partido, porque también ellos están anonadados por los acontecimientos que rompen un mundo aparentemente compartimentado para siempre. O fervorosamente a favor o enconadamente en contra, siendo mayoría absoluta los últimos.
Lo cierto es que los hechos se van juntando y todo va prefigurando un panorama. Por el camino se van arreglando las cargas.
Socioingeniería y psicología social
Los factores que hacen posible el pasaje de un mito a hecho fáctico:
La psicología de los procesos internos y las influencias externas cuyo resultado es la visibilización y el paso a la etapa política del indígena. La articulación interdisciplinaria, cuyo objeto es dar cuenta de los factores biológicos, psicológicos, éticos, sociales y culturales que van construyendo la disposición al indianismo en sus diferentes denominaciones y la aparición de organizaciones y plataformas orientadas a la toma del poder político. La intervención intelectual, consistente en acciones literarias, periodísticas y científicas diseñadas por profesionales o equipos especializados que, basados en las Ciencias Sociales, intentan producir un cambio subjetivo en el o los sujetos indígenas y no indígenas.
Los escenarios de intervención son múltiples y por lo general un planteo eficiente involucra a más de uno de ellos: comunidades aborígenes, indígenas urbanos, ONGs, organizaciones, instituciones, grupos sociales, comunidad educativa, barrio, municipio, provincia y hasta países vecinos.
La ética de la intervención es la misma que la de cualquier intervención de ingeniería social, con la salvedad de que en este tipo de casos el profesional está obligado a moverse dentro de una estructura o sistema económico y político vigente. Esto no garantiza torcer la voluntad de quienes han elegido libremente o no, su identidad y forma de vida.
A esta altura, es importante preguntarse por qué en la Argentina, y por extensión en todo el mundo, este planteo sobre la problemática indígena en crecimiento a nivel mundial, no ha tenido aún enclaves académicos que favorezcan su investigación y desarrollo.
En este sentido, en nuestro país, la pregunta pertinente sería si tenemos una psicología que dé cuenta de los procesos, deseos y sentimientos por los que atraviesa el indio argentino medio en este momento.
Etapa política
En nuestro país, la aparición del indígena en el Estado nacional favorece la extroversión: el tema aborigen tiene buena prensa y nos hace conocer varios de sus problemas; en varios medios de comunicación, aparecen indígenas dedicados a diversos quehaceres o en congresos reclamando sus derechos: comechingones de Córdoba, ranqueles de La Pampa, huarpes guaytamarí de Mendoza, mapuches de Río Negro y Neuquén, com y mocovíes de Santa Fe y Chaco, tobas de Santa Fe, tehuelche-mapuches de la provincia de Buenos Aires, wichís de Formosa, tapietés, guaraníes, chanés y collas de Salta, atacamas y omaguacas de Jujuy, diaguita-calchaquíes y lule-vilelas de Tucumán, tonocotés de Santiago del Estero, diaguito-calchaquíes de Catamarca, guaraníes de Misiones.
Ahora recién los aborígenes argentinos, están revalorizando sus costumbres, recuperando su lengua, y hasta se animan a asumirse como indios, pero también como producto de la discriminación no quieren enseñar la lengua originaria a sus hijos, se avergüenzan de sus costumbres, reniegan de sus ancestros y niegan ser indígenas.
En cuanto a los no indios, un mundo ferozmente globalizado y la búsqueda angustiosa de raíces nacionales sanas, hace que una población educada para considerarse europea vuelva su mirada a sus habitantes primigenios.
Toda una retórica, que no concuerda con los grupos de poder interesados en que el estado de la política nacional sustentada por un darwinismo social, continúe como en el siglo XX y anteriores. Entonces hacen muchas objeciones a los difusores de estos temas: la idealización de imperios precolombinos; nuestra desindianización al usar productos tecnológicos y saber leer y escribir; si no somos indígenas, nuestra intromisión en algo que no vivimos, la imposibilidad de una profundización de la toma de conciencia y consecuente unión de los indios.
Arguyen que esto sólo alienta la división entre argentinos, el impulso hacia la unidad aborigen estaría agotado desde el momento en que se alcanzó el reconocimiento de los derechos en la nueva Constitución y la implementación de leyes provinciales. Por otro lado, la persistencia de rivalidades y desconfianzas intraétnicas, además de la existencia de los llamados mestizos, criollos y cholos revelaría la imposibilidad de una comunidad política dentro de las fronteras nacionales y que el porvenir del indígena es el mestizaje. Por último los más exacerbados alertan sobre un absorbente mesianismo revanchista y nos atribuyen estar influidos por ideologías y consignas basadas en odios y resentimientos ancestrales como el marxismo, leninismo, maoísmo y el neoestructuralismo culturalista.
Todas estas argumentaciones me parecen falsas. Desde la aparición de la macroeconomía, la globalización y el neoliberalismo, los problemas de los pueblos aborígenes se han vuelto más apremiantes y van acompañados de riesgos considerables. Es necesario señalarlos y advertir que quedarán sin solución mientras los indígenas no puedan decidir sobre su futuro con instrumentos jurídicos y políticos modernos, del siglo XXI.
El eje del diálogo son los acuerdos políticos y de qué manera los indígenas tomarán sus decisiones sobre ellos. El derecho que está permitiendo solventar problemas políticos como en el caso de Bolivia, Perú, Brasil, México. Si otros indígenas del mundo tienen el derecho a decidir, ¿por qué no lo puede tener el pueblo aborigen argentino? Los indios están cada vez más convencidos de que, después de tantos años de olvido y discriminación, la reivindicación es posible. La clave es la negociación política sobre la autodeterminación de nuestro pueblo originario y el respeto a sus decisiones. Esto fue incorporado en la Constitución Argentina que reconoce los derechos de los pueblos indígenas y dice que respeta y ampara los derechos históricos de los aborígenes, pero que no se está cumpliendo.
Creo que el camino para llegar a ese acuerdo político depende de una capacidad de acción política basada en la unión y eso es ineludible, no sólo porque lo indique la ingeniería social o la sociopsicología, sino porque así lo marcan veladamente leyendas surgidas hace siglos.
1.- Congreso Indígena Sudamericano. Actas. Ollantaytambo. Perú 1982 2.- Toqo. Indiomanual. I.C.I. Humahuaca, 1985 3.- IEP/Konrad Adenauer. Participación política indígena en la sierra peruana. Perú, 2006 4.- Lauer, Mirko. Política indígena de cara al 2011. La República. Perú, 2007
Pauperología
"La ciencia que estudia la pobreza".
En este mundo donde faltan ideas, Sixto Vazquez Zuleta suministra unas cuantas, aunque algunas a primera vista parezcan utópicas, visionarias o hasta retrógradas.
Son reflexiones sobre la situación del ser humano a comienzos del Siglo XXI.